Existe una agencia de cuidado que presta servicio a domicilio a personas que poseen cierto grado de dependencia, la cual es administrada por dos enfermeras. Éstas son llamadas por una mujer que necesita de sus servicios para cuidar a un adulto mayor postrado, pero tiene que tener ciertos requisitos: que sea cariñosa, paciente y de buen carácter. Ante la petición, sucede la siguiente conversación:
Enfermera 1: ¿Tenemos a alguien con esas características?
Enfermera 2: No, pero manda a la Juanita que llegó hace poco, tiene mal carácter, pero no importa, total no creo que el “viejo” esté en condiciones de darse cuenta.
A pesar de que esto parece una situación lejana lamentablemente es más común de lo que se cree y como estudiantes hemos presenciado situaciones similares en donde se transgreden los principios de atender con la mejor calidad posible a una persona, se discrimina (en este caso la condición de un adulto mayor). Además observamos que hay una delegación irresponsable por no supervisar las reales capacidades y habilidades del personal a cargo.
Creemos que la manera correcta de actuar es haber comunicado a la usuaria que no se contaba con un profesional de las características buscadas y que se debió observar las competencias del personal a cargo, puesto que la obtención de un título profesional no garantinza la excelencia de los actos.
Sentimos que las características que debe poseer el profesional de enfermería son: autonomía, para poder actuar con libertad cuando se ve trasgrede la integridad de otro; ser tolerantes para entender la individualidad de quienes nos rodean sin discriminar a las personas; honestidad para reconocer los errores cometidos; paciencia con los usuarios y con el equipo de salud; utilizar el principio de beneficencia y no maleficencia; respetar la integridad y dignidad del otro; sentir empatía por el que sufre; y justicia para brindar la mejor calidad de atención posible a cada usuarios del sistema de salud.
“ Es ella, temporalmente, la conciencia para el inconsciente; el apego a la vida para el suicida, la pierna para el amputado; los ojos para quien acaba de perder la vista; un medio de locomoción para el recién nacido; el conocimiento y la confianza para la joven madre; la voz de los que están demasiado débiles para hablar o se niegan a hacerlo".
Virginia Henderson

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